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28 de junio de 2016

La muerte de un masón


No es ningún secreto que todos los que estamos en este mundo lo dejaremos de habitar tarde o temprano. En algún punto de nuestra existencia dejaremos de respirar y nos convertiremos en un recuerdo. El día de hoy en el Blog del Masón trataremos un tema bastante complejo, la muerte para el masón, cómo enfrentamos este fatídico suceso desde la perspectiva de la masonería y como esa hermosa enseñanza nos da consuelo para encarar lo que nos resta de existencia. Ojalá que lo disfruten.

El Maestro Masón, una clase peculiar de ser humano, un ser que pasó de la regla a la escuadra, de la escuadra al compás; un individuo con muchos defectos y alguna que otra virtud, ahora se enfrenta al hecho de que va a morir, que su existencia en esta tierra ha llegado a su fin. Pero ¿Cómo enfrenta un Maestro Masón a la Muerte? Nada más complicado que aceptar la realidad, más si esa realidad es tan cruda y devastadora. El Maestro Masón sabe perfectamente que los tiempos del creador son perfectos y que perecer no siempre significa dejar de existir. El masón identifica, desde el momento de su iniciación, un contacto cara a cara con el inevitable amigo el destino, observa el rostro de la muerte de primera mano y sabe que en algún momento vivirá sus últimos instantes, sin embargo la fatídica experiencia de la muerte representada en la iniciación no culmina de manera dramática, pues se le retira de aquella lúgubre habitación con la consigna de que deberá vivir los años que le quedan con apego a la virtud y combatiendo a los enemigos más ocultos, las pasiones. Se convierte en un panorama un tanto romántico e idealista, pero que finalmente cumple con la función de introducir al candidato al mundo del simbolismo y la especulación.

Algo distinto ocurre cuando el masón accede al último peldaño de la masonería simbólica, se interpreta el famoso drama que para ninguno es secreto y se viaja por una historia que ha sido representada a lo largo de los siglos en templos masónicos alrededor del mundo. La representación de la muerte de uno de los personajes icónicos de la cultura masónica es sin duda una de las experiencias más sobresalientes y sobrecogedoras que un masón (y que cualquier persona) puede vivir. Pero tiene una profunda lección filosófica y moral que van más allá de contar e interpretar una historia de antaño. Interpretar un papel relacionado con la propia muerte pone la vida en perspectiva, es saber que tenemos fecha de caducidad, que nada está comprado y que a pesar de no haber cumplido nuestras labores, el creador nos llamará ante su presencia. 



El masón encara a la muerte en el momento de su exaltación para comprender que las ideas trascienden a las épocas, que si el hombre es virtuoso, estimado y realizó enormes obras en bien del prójimo entonces nunca morirá. La historia que se representa en el drama final de la masonería simbólica es una forma de decirnos uno de los consuelos más grandes del mundo y quizás una de las aspiraciones más grandes de los alquimistas de toda la historia, alcanzar la inmortalidad. Pero no se trata de encontrar la piedra filosofal y hacer el elixir de la vida con ella. Se trata de trascender, de que nuestras ideas y nuestras obras vayan por el mundo dejando rastro, eso es ser inmortal, que nuestro nombre nunca deje de ser mencionado. 

Es una visión muy hermosa pensar que nuestro pensamiento es eterno y que conocemos una de las maneras más bellas de alcanzar la inmortalidad, a través del recuerdo de nuestros semejantes, sin embargo aún hay más. Cuando un masón llega al final de su vida material no sólo entra al mundo de los inmortales (de las ideas) sino que se hace acreedor a un derecho y un honor que todos los que amamos esta bella institución deseamos para nosotros en el día de nuestra partida, la ceremonia fúnebre. 

La tenida o ceremonia fúnebre es una sesión que se ha transformado y adecuado a lo largo de las épocas, existen diversas variantes, desde ceremonias en templos masónicos con la intimidad de la Logia, con los adornos necesarios para representar el drama por todos conocido, hasta ceremonias públicas en donde participan personas de todo tipo, algunas de las ceremonias más aceptadas y difundidas son las que contienen ambas partes, una pública y otra cerrada. En ambos casos se le concede el último adiós al hermano que está en su camino hacia el creador e incluso se pone en duda su trabajo en vida preguntando a los presentes si alguien tiene algo que reclamarle al cuerpo sin vida del hermano, acto seguido se le rinden los altos honores que la orden prevé para tal efecto. Se trata de una solemne ceremonia masónica tras la cual, se traslada el cuerpo del hermano al campo santo para que sus restos descansen por fin, al finalizar la ceremonia se depositan cientos de flores blancas en señal de paz y armonía.

Las ceremonias fúnebres son actos para despedir al hermano, pero hay algunos otros que se realizan para recordarlos, son costumbres dependiendo del lugar en donde se celebren pero que en general cubren la misma función. Las hay desde menciones en aniversarios hasta develaciones de placas en edificios masónicos en honor del difunto. También, como dato adicional, en algunas tumbas de hermanos masones se acostumbra ver una columna rota o sin acabar, símbolo de que el trabajo del hermano quedó inconcluso o de que uno de los pilares de la Logia se ha roto, otros símbolos masónicos en tumbas son las cadenas con eslabón roto, las usuales escuadra y compás y símbolos relacionados con la muerte.



Al final del día no importa cómo recordemos a nuestros hermanos difuntos sino que hagamos honor a la tarea que desempeñaron entre nosotros, que tomemos el ejemplo de quienes se pueda tomar y que no dejamos que su nombre se deje de mencionar, pues la gran aspiración de todo masón es alcanzar la inmortalidad a través del recuerdo amoroso de sus seres amados, principalmente de sus hermanos masones. Algunos hermanos consideran que cuando un masón muere pasa a ocupar un asiento en un lugar llamado "Eterno Oriente" sin embargo es una cuestión de perspectivas, personalmente me gusta creer que el alma o la manifestación etérea del hermano están en donde deben estar, en el lugar que sus creencias y deseos siempre quisieron que estuviera, no en un "cielo masónico", quizás el hermano en cuestión soñaba con estar ante Jesús en el cielo o con Zeus en el Olimpo. Me gusta creer que el lugar del descanso eterno es personal y no uno genérico o especial para los masones.

Hemos llegado al final de este artículo, como se pudieron dar cuenta le quisimos dar un giro distinto, lo anterior en honor a todos aquellos que nos han dejado y que ahora están en presencia del creador, esperamos que donde quiera que estén nos sigan acompañando, llenando de sabiduría e iluminando el sendero de nuestra superación tanto espiritual, personal y masónica, en verdad muchas gracias.

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Maestro Masón.

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