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16 de agosto de 2016

Masonería, controlando las pasiones: Codicia

Infierno de Dante

La masonería es un espacio para el perfeccionamiento humano, sin embargo no podríamos perfeccionar nada sin antes reconocer nuestros defectos. Las pasiones, los vicios y su combate es un tema que constantemente se recuerda en los templos masónicos por la importancia que reviste para el masón el desbaste de su piedra en bruto, es por eso que el día de hoy en El Blog del Masón, les traemos el siguiente artículo: "Masonería, controlando las pasiones: Codicia", esperamos que les agrade.

Antes de iniciar debo hacer la aclaración de costumbre: En este artículo no encontrarás palabras sagradas, tocamientos ni formas de reconocimiento alguno entre los masones.

Sin más por añadir, ¡comenzamos!

¿Cuántas veces hemos deseado algo; algo que creemos es indispensable, al grado de que nuestro criterio se ve nublado por el deseo? Yo creo que muchas, más de las que nos atrevemos a aceptar. El siguiente texto pretende arrojar un poco de luz y sobretodo exponer una percepción respecto de este tema, pues es nuestra labor dentro de la logia: Exponer y Criticar los vicios que corrompen a la humanidad para que con la ayuda de nuestras herramientas, estos no existan en nuestro templo interior, es decir, para convertirnos en hombres de virtud y de honor. Esperamos que sea de su agrado y de provecho para nuestro taller.

La codicia, dijeron, ese es el tema que se sugiere para el Blog de esta semana, y realmente constituye todo un reto, pues siempre cuesta trabajo abordar defectos que todos poseemos. Hay una delgada línea entre lo que es correcto y lo que es fácil, en este sentido, es fácil realizar críticas al aire cuando de señalar defectos se trata, pero lo correcto es observar y analizarse uno mismo antes de arrojar la piedra al que creemos, se encuentra en un error.

Ahora bien, entremos en materia. La codicia resulta que no es un tema a estudiar, no se trata de un asunto de investigación escolar o de algo que encuentres en artículos académicos. Es, sin embargo, una condición humana que ha sido condenada por diversas culturas y religiones en el mundo. Por lo tanto se convierte en un asunto universal que se presenta con frecuencia en los seres humanos. ¿Qué ocurre entonces? Si se trata de una conducta recurrente, presente en la mayor parte del mundo y que todos en diferente medida hemos experimentado, entonces es inherente al hombre? Al parecer, sí. 

Así como todos los llamados “pecados” la codicia es una conducta humana que es en gran medida derivada de nuestra naturaleza y que consiste en el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas. Por otro lado, también consiste en buscar con incesante persistencia obtener algo, que puede ir desde lo material hasta una conducta en específico, al grado de pasar por la propia familia o por amigos muy cercanos. Es decir, obtener lo deseado a costa de lo que sea con tal de sobreponer las pretensiones personales a las de otra persona o incluso a las de un colectivo.

Por otro lado y dependiendo de la cultura que se trate, se le han dado muchas interpretaciones a esta conducta humana, por ejemplo, se le da por atributo un lobo hambriento, los italianos la han dado por divisa una víbora, con estas palabras: 

"Offende viva, e risana morta, Hiere cuando vive y después de muerta cura".

Se la puede también representar con una mujer que se aparta de un cuerno de la abundancia y entre los poetas, Tántalo es el emblema del avaro y que puede ser investigado a profundidad por vosotros, a grandes rasgos les puedo decir que es un ejemplo claro de lo que la avaricia le hace a los hombres, los corrompe. También en la misma leyenda se recuerda el castigo que está reservado a los avaros, el tártaro de los griegos. O en un rubro más cristiano, aquellos cuya actitud hacia los bienes materiales se desvió de la media inadecuada son castigados en el cuarto círculo. Aquí están condenados los avaros, que acumularon posesiones, y los pródigos, que las derrocharon. Ambos grupos empujan grandes pesos a lo largo del círculo, pero cada uno en dirección opuesta. Cuando se encuentran, chocando, se injurian. Unos reprochan: "¿Por qué acaparas?", los otros: "¿Por qué derrochas?". A continuación cada grupo da la vuelta para recorrer el círculo en sentido contrario, hasta chocar de nuevo con el otro.


El pecado, la conducta, el deseo, la necesidad. Nos podríamos dedicar semanas a decidir en qué categoría podemos incluir a la codicia, la realidad es que se trata de un vicio y que constituye, por lo tanto en una tarea del masón evitarlo. No somos hombres perfectos, eso es cierto, pero podemos tender a la perfección, en eso estriba la grandeza del hombre. Tenemos la capacidad de tomar decisiones, mismas que  nos llevan a caminos distintos, unos oscurecidos por los vicios y otros iluminados por las virtudes. 

En lo general se suele pensar que la codicia constituye en uno de los actos más lamentables y difíciles de combatir por el ser humano. Yo, mis hermanos los exhortaría a que se introduzcan en su templo personal y mediten. No siempre lo que deseamos con desesperación es lo mejor para uno mismo, para los demás o para un colectivo, por último, deseo con toda mi alma que la masonería, que este espacio nunca se llene de hombres codiciosos que busquen engrandecerse u obtener favores a costa de los demás, pues eso señores, no nos engrandece, nos hace tiranos.

Hemos llegado al fin de este artículo, no sin antes agradecerles por sus grandes muestras cariño y recordándoles que tenemos tienda en línea y que nos pueden seguir en FacebookTwitter y Google +

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Maestro Masón.

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